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Luca Longo

Un ejemplo de competencia y colaboración: dos polos opuestos pero ambos decisivos para el desarrollo del conocimiento científico y para hacer realidad las innovaciones tecnológicas que nos conducirán hacia un mundo más sostenible.

Se abre de nuevo el telón de las aventuras de Thomas Edison: estamos de nuevo en Estados Unidos, a finales del siglo XIX. Nuestro inventor acaba de tener la brillante idea de encender una bombilla, y no sólo en sentido metafórico. América está en plena ebullición: las ciudades crecen a un ritmo frenético, las fábricas trabajan día y noche, y la electricidad está a punto de convertirse en el vector energético que lo cambiará todo. Pero como en toda buena historia, no puede faltar el conflicto. Y este conflicto no es una escaramuza trivial, sino un conflicto serio, conocido como la «Guerra de las Corrientes».

La batalla por la electrificación de Estados Unidos

La invención de la bombilla es sólo el principio de un viaje empresarial. Edison sabe que para que todos los hogares, comercios y fábricas tengan su bombilla encendida, hace falta algo más: se necesita toda una red eléctrica. Así que se lanza a construir un sistema de distribución de electricidad basado en la corriente continua, que considera la única opción segura y fiable para iluminar el futuro. Pero, como suele ocurrir, no todo el mundo está de acuerdo.

En su camino, Edison se encuentra con dos personajes destinados a hacerle pasar un mal rato (o más bien: un cable): Nikola Tesla, un brillante inventor serbio, y George Westinghouse, un astuto empresario.

Nikola Tesla: el genio excéntrico

Tesla, nacido en 1856 en la actual Croacia, llegó a Estados Unidos con grandes ideas en la cabeza y una visión revolucionaria de la distribución de electricidad. Tesla afirma que la corriente alterna (CA) es superior a la corriente continua (CC) de Edison, principalmente porque puede transmitirse a largas distancias de forma mucho más eficiente y con menos pérdidas de energía. De hecho, la corriente que circula por un cable se convierte en parte en calor -y por tanto se desperdicia- debido a la resistencia del conductor por el que circula (por eso se calienta el cable). Para reducir las pérdidas, se puede aumentar la sección del conductor (tendiendo cables más grandes y, por tanto, más caros) y/o aumentar la tensión de la corriente. Por desgracia, hasta la llegada de la electrónica, todo lo que se necesitaba para aumentar o disminuir la tensión alterna era un transformador, pero éste no funciona con corriente continua.

En corriente alterna, decíamos, el flujo de corriente invierte su sentido periódicamente, lo que permite aumentar fácilmente la tensión para transportar energía a largas distancias con pérdidas mínimas. Una vez en su destino, el voltaje puede reducirse para un uso seguro en los hogares. En cambio, la corriente continua de Edison mantiene una dirección de flujo constante y requiere estaciones generadoras cercanas a los usuarios finales, ya que la tensión no puede aumentarse ni reducirse fácilmente.

Pero interrumpimos nuestro curso de ingeniería eléctrica para volver a Tesla. El inventor, fascinado por el potencial de la corriente alterna, encuentra un partidario en George Westinghouse, quien – a pesar de ser un empresario que entiende poco de corriente – reconoce inmediatamente que está ante un genio. Sobre todo, comprende que si se lanza a la aventura, podrá cosechar los beneficios técnicos y económicos de la corriente alterna.

Tesla es lo contrario del metódico Edison: es conocido por sus excentricidades, como la creencia de que uno puede comunicarse con los animales utilizando la corriente eléctrica (esto no está en el curso de ingeniería eléctrica).

Realiza un experimento con palomas para demostrar su teoría sobre la comunicación entre especies mediante campos electromagnéticos, sin electrocutar a ninguna de ellas pero con resultados muy decepcionantes. ¿Genio? Quizá locura, pero también espíritu experimental, que le ve siempre dispuesto a desafiar los límites del pensamiento convencional. Espíritu experimental siempre combinado con su capacidad innata para transmitir entusiasmo a sus colaboradores, pero sobre todo a los posibles inversores.

George Westinghouse: el industrial visionario

Westinghouse, nacido en 1846 en Central Bridge, Nueva York, es un empresario con visiónpara la innovación tecnológica. Con una carrera que abarca desde el ferrocarril hasta la producción de gas, le fascina la idea de aprovechar la electricidad para el futuro de Estados Unidos. Cuando conoce a Tesla, se da cuenta del potencial de la corriente alterna para revolucionar la distribución de electricidad. Su experiencia le hace darse cuenta inmediatamente de que la corriente alterna no sólo puede cubrir grandes distancias sin grandes pérdidas de energía, sino que además es más barata por la posibilidad de transformar el voltaje a voluntad.

Decidida a desafiar a Edison, Westinghouse invirtió en la tecnología de Tesla y empezó a construir redes eléctricas basadas en corriente alterna.

Este sistema resulta especialmente eficaz para iluminar grandes áreas con un coste y una complejidad menores que las centrales de corriente continua de Edison, que requieren un gran número de generadores repartidos en distancias cortas para proporcionar una cobertura adecuada. Westinghouse no era sólo un financiero; a menudo viajaba personalmente a las obras para comprobar el progreso de los trabajos, demostrando una implicación práctica que muchos empresarios de su época no tenían.

La guerra de corrientes entra en su apogeo

Edison, que no quiere perder terreno, lanza una feroz campaña contra CA tratando de demostrar sus peligros. Y aquí la historia se pone realmente picante. Edison, con el entusiasmo de quien quiere ganar a toda costa, organiza manifestaciones públicas que dejan a los espectadores con un escalofrío de horror. ¿Su estrategia? Realizar ejecuciones de animales utilizando corriente alterna para demostrar que es demasiado peligrosa para ser utilizada en los hogares.

Un caso llamativo es la electrocución de Topsy, un elefante de circo condenado a muerte por matar a tres personas. Condenado a muerte durante un juicio ordinario, Topsy asiste (es su derecho) desde la jaula de los acusados; no se sabe si se levantó para escuchar el veredicto. Edison aprovecha la ocasión para utilizar la corriente alterna para demostrar su peligrosidad. En una campaña de marketing macabramente ingeniosa, inventa el término Westinghousize para denotar la muerte por descarga eléctrica de corriente alterna. El suceso se filma y luego se proyecta en público, causando un gran revuelo e indignación. Pero el punto culminante de esta campaña se alcanza en 1890, cuando Edison contribuye a la invención de la silla eléctrica, alimentada por corriente alterna, por supuesto.

La primera ejecución pública es para acabar con la vida de William Kemmler, un vendedor ambulante que, en un arrebato de embriaguez, había matado a la mujer con la que vivía. Es un desastre: la tensión inicial es insuficiente y el condenado sólo muere tras dos minutos de descargas eléctricas mientras la sala de ejecuciones se llena de olor a carne quemada y los testigos (y guardias) se desmayan.

La Exposición Universal de 1893: el triunfo de la corriente alterna

Los debates suscitados por aquel acontecimiento no se calmaron hasta tres años después: el verdadero golpe decisivo llegó con laExposición Universal de Chicago de 1893. Este acontecimiento es el escaparate perfecto para mostrar al mundo la mejor tecnología para iluminar el futuro.

Edison y Westinghouse competían por el contrato para electrificar el recinto ferial y la victoria fue para Westinghouse, que iluminó toda la exposición con corriente alterna. Es una dura derrota para Edison, que ve cómo su corriente continua pierde terreno.

Pero Westinghouse y Tesla no se detienen ahí. Tras el éxito de la Exposición Universal, obtienen el contrato para construir la central hidroeléctrica de las cataratas del Niágara, que se convierte en una de las primeras grandes centrales del mundo en utilizar corriente alterna. Con este éxito -un sueño que Tesla había alimentado desde niño, cuando vio por primera vez una fotografía de las cataratas-, la corriente alterna se estableció finalmente como la tecnología dominante para la distribución de electricidad.

El trasfondo menos conocido de la guerra de corrientes

Pero entre bastidores de la guerra de corrientes hay algunos detalles curiosos que rara vez se cuentan. Por ejemplo, Tesla, que siempre ha tenido una personalidad bastante excéntrica, está obsesionado con el número tres y se niega a tocar nada que no sea divisible por tres. Este aspecto peculiar de su carácter, además de dificultar el diseño de la red de distribución de corriente alterna (cada sistema de nodos de la red «debe» ser divisible por tres), dificulta la comprensión de muchos de sus contemporáneos, pero añade más fascinación a su figura.

Por cierto, Tesla, en medio de presentaciones promocionales, pierde a menudo el hilo de la AC para pasar a explicar que, gracias a sus inventos, será posible comunicarse con extraterrestres; una idea que hoy nos hace sonreír pero que demuestra la vastedad de su imaginación.

Incluso Edison, a pesar de su empeño en promover la corriente continua, no le hace ascos al mundo del espectáculo. Edison es un maestro del marketing, que consigue convertir cada uno de sus inventos en un acontecimiento mediático. Es precisamente esta habilidad la que le permite seguir siendo el centro de atención incluso cuando su tecnología está desfasada. Se dice que Edison estaba tan obsesionado con el éxito de sus inventos que una vez intentó patentar un método para despertarse solo cada mañana atándose una cuerda a la mano conectada a un sistema de palancas que abría las cortinas de su habitación.

Finalmente, Westinghouse, a pesar de ser un hombre de negocios de éxito, se enfrenta a enormes dificultades financieras debido a los enormes costes de la guerra de mareas. Sin embargo, su fe en la visión de Tesla le impulsa a seguir adelante; y al final, su apuesta resulta exitosa. En tiempos de crisis, Westinghouse era conocido por ofrecer sus propios bienes como garantía para asegurar la financiación, un acto de audacia que contribuyó a su éxito.

Competencia y colaboración: dos caras de la misma moneda

La guerra de las corrientes no es sólo una historia de rivalidad y competencia. Es también una lección de cómo la colaboración, a veces inesperada, entre investigación y finanzas es clave para el progreso.

Como demuestra la colaboración entre Tesla y Westinghouse, a veces sólo uniendo fuerzas se pueden superar los mayores retos y hacer realidad innovaciones que cambian el mundo.

En última instancia, es el delicado equilibrio entre competencia y colaboración lo que empuja el conocimiento científico hacia nuevas fronteras y nos acerca a un futuro más sostenible. Sin esta dinámica, muchas de las tecnologías que hoy damos por sentadas nunca habrían visto la luz.

Luca Longo
ESCRITO POR Luca Longo

Químico industrial, químico teórico, periodista, comunicador y divulgador científico.

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