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Hoy en día, la sostenibilidad ya no es una variable accesoria, sino una condición indispensable para la propia supervivencia de las empresas. De hecho, la presión normativa, la creciente atención de las partes interesadas y la urgencia de los problemas medioambientales han contribuido a hacer este reto especialmente complejo, imponiendo un replanteamiento no sólo de los procesos de producción, sino también de los modelos organizativos. Se trata de conjugar eficacia económica, innovación e impacto social y medioambiental de las propias elecciones, en un equilibrio que no tiene nada de evidente. Y es aquí donde, para las empresas, se impone un modelo estratégico como el modelo satélite, que prevé la creación de empresas autónomas pero vinculadas a la empresa matriz: un enfoque que permite experimentar nuevas soluciones y nuevos negocios, reduciendo los riesgos y manteniendo al mismo tiempo una visión empresarial unificada a largo plazo.

El satélite es sostenible

El modelo satélite permite acelerar el desarrollo de nuevas empresas mediante la creación de entidades autónomas dotadas de una gobernanza específica y una mayor libertad de acción. En otras palabras, se trata de garantizar la posibilidad de explorar mercados emergentes, o tecnologías innovadoras, sin «sobrecargar» la estructura central y exponerla por completo al riesgo de iniciativas aún en fase experimental.

Este enfoque, en la práctica, puede proporcionar muchas ventajas: por ejemplo, permite probar nuevas soluciones en diferentes sectores con impactos ambientales y sociales medibles; también crea un contexto favorable para la creación de alianzas y la contaminación con expertos externos, elementos fundamentales para abordar transiciones complejas como la energética y la digital; y, de nuevo, permite acelerar el desarrollo en nuevas áreas sin perder el foco en las actividades tradicionalmente realizadas por la empresa. En definitiva, desde esta perspectiva, las empresas «satélite» no son meras extensiones operativas, sino que representan verdaderos laboratorios de innovación sostenible, capaces de orientar a la empresa de la que derivan hacia horizontes de sostenibilidad que de otro modo serían más difíciles de alcanzar.

El modelo Eni

Un ejemplo virtuoso, en nuestro país, de la adopción del modelo satélite es el de Eni: la estrategia de la empresa, en el marco de su compromiso en el ámbito de la transición energética, se basa de hecho en la creación de empresas independientes -que, permaneciendo parte integrante de Eni, se benefician de ella en términos de tecnologías, conocimientos técnicos y servicios- capaces de acceder al mercado de capitales con autonomía propia, para poder financiar su propio crecimiento recurriendo a inversores especializados.

De este modo, la empresa puede acelerar el desarrollo de nuevos negocios de gran potencial, manteniendo al mismo tiempo la solidez de sus actividades tradicionales.

Además, al abrirse a nuevas inversiones, el modelo adoptado por la empresa permite reducir la absorción de capital necesaria para apoyar nuevas actividades, salvaguardando al mismo tiempo la remuneración de los accionistas, que sigue alimentándose del flujo de caja libre generado por las actividades tradicionales.

«Los satélites son la forma en que resolvemos la ecuación de la transición energética«, explicó Francesco Gattei, Chief Transition & Financial Officer, Chief Operating Officer y General Manager de Eni:«ocupándonos de los nuevos negocios y de los negocios tradicionales, creciendo en ambos al tiempo que garantizamos la continuidad y la seguridad de las fuentes, la disponibilidad financiera y, al mismo tiempo, perseguimos todos los objetivos empresariales«. Entre los satélites en el campo de la transición energética, el modelo está operativo con Enilive -dedicada a la movilidad sostenible y la producción de biocombustibles- y Plenitude -para la producción de electricidad a partir de renovables-, que han visto la entrada de nuevos fondos o nuevos socios en el capital de las empresas. Un camino similar se extenderá a las actividades de Eni en bioquímica, con Novamont, y en CCUS (Carbon Capture Utilisation and Storage) con el lanzamiento de una nueva empresa satélite. Del mismo modo, el modelo de satélites se está aplicando en zonas geográficas con una fuerte vocación upstream con emisiones reducidas: este es el contexto en el que nacieron Vår Energi en Noruega (el primer satélite independiente que cotiza en bolsa), Azule en Angola e Ithaca en el Reino Unido.

En resumen: afrontar retos complejos, como los de la transición energética, requiere la adopción de estrategias no convencionales. Estrategias que, como en el caso del modelo satélite de Eni, si se apoyan en una visión clara, son capaces de aportar ventajas en todos los frentes. Y es así como empresa y medio ambiente pueden ir de la mano, posibilitando nuevas oportunidades de desarrollo sostenible.

ESCRITO POR redazione

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