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SOCIEDAD/

Comunicar para regenerar: el papel de la sostenibilidad digital en la comunicación

¿Cuánto peso tiene realmente lo que publicamos en Internet? No estamos hablando de likes o visitas, sino de impacto medioambiental, social, cognitivo. En un mundo hiperconectado, cada contenido digital -desde el post patrocinado al boletín semanal- consume recursos: energía, atención, tiempo. Y si la comunicación es una de las herramientas más poderosas para orientar comportamientos y construir imaginarios, es hora de preguntarse: ¿puede ser también sostenible?

Esta cuestión está en el centro de un incipiente debate en el que participan comunicadores, diseñadores, activistas y responsables políticos. ¿El objetivo? Repensar las prácticas de comunicación desde una perspectiva ética, integradora y responsable.

No sólo para reducir la huella ecológica de los contenidos, sino para aumentar su impacto social. Y para estimular la reflexión sobre métricas, lenguajes y formatos capaces de generar valor, no solo visibilidad.

Según el informe«Greening Digital Companies 2025» de la UIT y la World Benchmarking Alliance, sólo el 20% de las empresas tecnológicas mundiales tienen objetivos claros para reducir el impacto ambiental de los servicios digitales, y aún son menos las que integran estos objetivos en su comunicación externa.

Lo digital no es inmaterial

«La nube no es una nube, es un conjunto de servidores que consumen energía y agua», se recuerda a menudo a los implicados en la sostenibilidad digital. Sin embargo, en el imaginario colectivo, lo digital sigue siendo algo ligero, invisible, casi neutro. La realidad es otra: según algunas estimaciones, el sector de las TIC produce más emisiones que la mayor parte del transporte aéreo. Y la comunicación digital, con sus vídeos de reproducción automática, sus campañas de alto tráfico y sus pesados contenidos, contribuye a este impacto.

La sostenibilidad digital tampoco se agota en la reducción de las emisiones de los centros de datos o en el fomento del reciclaje de los teléfonos inteligentes. También tiene que ver con la calidad de la información, la inclusividad de los idiomas y la capacidad de establecer relaciones sanas.

En otras palabras: se trata de la forma en que comunicamos. Para los comunicadores, significa replantearse todo el ciclo de vida de los contenidos: desde el diseño hasta la distribución, desde la elección de formatos hasta la medición del impacto. Significa cuestionar qué comunicamos, cómo lo hacemos y a quién.

Cada boletín enviado, cada vídeo subido, cada post patrocinado consume recursos: energéticos, cognitivos, relacionales. Y cada elección editorial puede incluir o excluir, amplificar o distorsionar. Los comunicadores se convierten así en «conservadores de la atención» y «arquitectos del significado», con la creciente responsabilidad de construir entornos digitales más equitativos y sostenibles.

Comunicar de forma sostenible: tres dimensiones

1. Medioambiental: reducir la huella ecológica significa optimizar el peso de los contenidos, evitar el sobrediseño, elegir un alojamiento ecológico. Pero también diseñar campañas que no incentiven el consumo compulsivo, la reproducción automática de vídeos o la adicción a las notificaciones.
Por ejemplo, la campaña «MySmartDiary» redujo el peso de los contenidos digitales en un 70% gracias a un diseño sobrio y al uso de formatos de texto comprimidos, manteniendo al mismo tiempo un alto grado de compromiso (fuente: Foundation for Digital Sustainability). La agencia holandesa Greenberry desarrolló una metodología de «presupuesto de carbono» para contenidos digitales, calculando el impacto de cada activo (vídeo, imágenes, animación) y proponiendo alternativas más ligeras sin sacrificar la eficacia narrativa.

2. Social – la comunicación sostenible es también accesible (para discapacidades visuales, cognitivas, lingüísticas), inclusiva (representa la diversidad, evita estereotipos), ética (transparente, respetuosa de la privacidad, no manipuladora).
Por ejemplo, el Manifiesto por la Sostenibilidad Digital de la Comunicación, presentado en el Congreso de los Diputados en julio de 2025, no se limita a enunciar principios abstractos, sino que propone directrices operativas para ayudar a los comunicadores a hacerlo de forma más inclusiva, ética y responsable, desde la representación de la diversidad hasta la transparencia en los contenidos (fuente: Fundación para la Sostenibilidad Digital). La BBC ha introducido directrices internas para garantizar que todos los contenidos digitales sean accesibles según las normas WCAG 2.1, con auditorías periódicas y formación obligatoria para los equipos editoriales.

3. Cognitiva – en un ecosistema saturado de estímulos, la sostenibilidad significa contrarrestar la infodemia con contenidos claros y verificados, promoviendo formatos capaces de generar comprensión y no sólo atención.
Por ejemplo, la Universidad de Pavía ha integrado los informes de sostenibilidad con prácticas de comunicación digital transparentes, mejorando la comprensión de los datos ESG entre estudiantes y partes interesadas (riviste.paviauniversitypress.it/). La cadena pública sueca SVT puso en marcha el proyecto «Slow News», una sección de su sitio web dedicada a contenidos en profundidad, sin anuncios y diseñados para ser leídos con calma. ¿El resultado? Aumento del tiempo medio de lectura y de la confianza percibida por la audiencia.

El papel de los comunicadores

Quienes trabajan hoy en comunicación tienen un poder enorme: pueden orientar la imaginación, influir en las decisiones, generar confianza. Pero este poder debe ejercerse con conciencia. «Somos arquitectos del significado», dijo un estratega en un reciente taller sobre sostenibilidad digital. Y como cualquier arquitecto, debemos preguntarnos: ¿qué estamos construyendo? ¿para quién? ¿Con qué materiales?

Algunas organizaciones ya están experimentando con buenas prácticas y nuevos enfoques: campañas ligeras, formatos accesibles, métricas alternativas (como el impacto social o la calidad de la interacción). Otras están desarrollando herramientas y directrices para ayudar a los equipos a diseñar contenidos más sostenibles.

Un caso interesante es el de Patagonia, que redujo el volumen de sus comunicaciones digitales anuales en un 40%, centrándose en contenidos de bajo impacto con alto valor narrativo. La estrategia reforzó la reputación de la marca y mejoró el compromiso orgánico.

Retos pendientes y cuestiones operativas

Para llevar estos principios a la práctica, necesitamos nuevas métricas, nuevos arquetipos narrativos, nuevas competencias. Algunas preguntas clave para los grupos de trabajo:

– ¿Cómo medir la sostenibilidad de una estrategia de comunicación?

– ¿Qué compromisos hay entre visibilidad y sobriedad digital?

– ¿Cómo formar a los equipos y a las partes interesadas en estas cuestiones?

– ¿Qué lenguajes e imágenes pueden transmitir estos valores?

Una referencia útil es el informe BEREC 2023 sobre indicadores de sostenibilidad para redes y servicios de comunicaciones electrónicas, que también propone métricas aplicables a la comunicación digital en los sectores público y privado.

¿Y ahora qué?

La sostenibilidad digital en la comunicación sigue siendo un campo joven pero en rápida evolución. Se necesitan nuevas competencias, nuevas herramientas y nuevas preguntas. ¿Cómo medimos el impacto de una campaña? ¿Cómo equilibrar visibilidad y sobriedad? ¿Cómo formamos a los equipos en estas cuestiones?

La sostenibilidad digital no es una limitación creativa, sino una oportunidad narrativa. Comunicar de forma sostenible significa optar por generar valor, no solo visibilidad. Significa construir relaciones más sanas, entornos más inclusivos, mensajes más auténticos.

En un mundo cambiante, la comunicación puede ser parte del problema o parte de la solución.
De nosotros depende decidir de qué lado estamos.

Luca Sesini
ESCRITO POR Luca Sesini

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