La transición hacia una movilidad más sostenible no se limita a reducir las emisiones o a desarrollar nuevos medios de transporte. Depende, cada vez más, de la capacidad de replantearse las infraestructuras como plataformas inteligentes: conectadas, seguras, interoperables y capaces de generar valor a través de los datos. En este contexto, la carretera está pasando de ser un simple elemento físico a convertirse en un componente activo de un ecosistema digital capaz de recopilar información, facilitar servicios y apoyar la toma de decisiones en tiempo real en beneficio de los ciudadanos, los profesionales del sector y las comunidades locales.
Para un operador de infraestructuras como Anas —la empresa del Grupo FS responsable de una red extensa y de gran importancia estratégica para el país, que comprende unos 33 000 km de carreteras, 19 321 puentes y 2 174 túneles—, la sostenibilidad es, por lo tanto, una responsabilidad industrial incluso antes que medioambiental. Significa garantizar la seguridad, la continuidad del servicio, el uso eficiente de la inversión y la calidad de los desplazamientos, al tiempo que se contribuye a la competitividad de las zonas locales y a la vida cotidiana de los ciudadanos.
Desde esta perspectiva, la tecnología digital es un factor clave. No se trata de un aspecto secundario de la sostenibilidad, sino de una palanca estructural para transformar los procesos, los modelos de toma de decisiones y la forma en que se gestionan los activos de infraestructura. La sostenibilidad digital surge precisamente de esta integración de datos, innovación y rendición de cuentas.
Hablar de sostenibilidad digital significa, por tanto, preguntarse no solo en qué medida la tecnología mejora la eficiencia de los sistemas de transporte, sino también cómo se diseña, se regula y se hace accesible. La tecnología digital es sostenible cuando reduce las asimetrías de información, permite tomar decisiones más fundamentadas, fomenta el uso responsable de los recursos y crea servicios inclusivos, seguros e interoperables. En este contexto, los datos, las plataformas y la inteligencia artificial no son meras herramientas operativas, sino activos estratégicos que deben gestionarse según criterios de transparencia, calidad, seguridad y rendición de cuentas pública.
Las carreteras inteligentes, los sensores IoT, las plataformas de monitorización, los sistemas C-ITS, los gemelos digitales y la observación por satélite están cambiando la forma en que se diseña, controla y mantiene la infraestructura. El paradigma está pasando gradualmente de una gestión reactiva a una gestión predictiva y basada en datos, capaz de anticipar problemas críticos, optimizar las intervenciones y reducir el desperdicio, los costes y el impacto medioambiental. Estas herramientas se complementan con soluciones para supervisar el estado de las infraestructuras —la supervisión del estado estructural— así como con inspecciones mediante drones y tecnologías LiDAR, que proporcionan una visión más precisa del estado de los activos y permiten planificar el mantenimiento de forma más eficiente.
Se trata del modelo de «Organización Digital», que considera la tecnología no como un fin en sí mismo, sino como una infraestructura organizativa que permite desarrollar nuevas competencias, nuevos procesos y nuevas formas de colaboración. En este modelo, la calidad de los datos, la gobernanza de la información, la ciberseguridad, la protección de datos, la interoperabilidad y la continuidad digital se convierten en requisitos previos esenciales para construir sistemas de movilidad más resilientes y sostenibles. La disponibilidad de ecosistemas interoperables y plataformas de intercambio de datos es también un factor clave para acelerar la innovación, maximizar el valor de la inversión pública y garantizar que la transformación digital aporte beneficios medioambientales, económicos y sociales cuantificables.
El Grupo de Trabajo sobre Movilidad Sostenible de la Fundación para la Sostenibilidad Digital opera en este contexto con un objetivo claro: transformar los principios y las visiones en modelos prácticos y, siempre que sea posible, en puntos de referencia compartidos para el sector. Entre los temas que han surgido se encuentran el Espacio de Datos de Movilidad, el desarrollo de carreteras inteligentes y ciudades inteligentes, el mantenimiento predictivo, la resiliencia climática, la movilidad como servicio y la relación entre la movilidad y la soberanía digital.
Un aspecto clave es el factor humano. La movilidad sostenible no es solo una cuestión tecnológica: tiene que ver con el comportamiento, las decisiones individuales, el estrés cognitivo, la seguridad y la confianza en los sistemas. Por este motivo, además de las soluciones digitales, debemos invertir en una cultura de innovación, en competencias y en modelos de gobernanza capaces de respaldar el cambio.
Igualmente fundamental es la cuestión de la medibilidad. La transición hacia una infraestructura inteligente requiere indicadores clave de rendimiento (KPI), normas y modelos de certificación capaces de evaluar la contribución de las carreteras inteligentes a la seguridad, la eficiencia y la sostenibilidad. Sin indicadores comunes, se corre el riesgo de que la innovación siga siendo un conjunto de experimentos; con métricas comunes, puede convertirse en política industrial.
La medibilidad también debe extenderse a la huella digital de las soluciones adoptadas: la calidad y la reutilización de los datos, la eficiencia energética de las plataformas, la reducción de los desplazamientos físicos gracias a la monitorización a distancia, la capacidad de prevenir incidentes críticos y el nivel de accesibilidad de los servicios para los usuarios y las comunidades locales. Solo incorporando estos indicadores en los modelos de evaluación podremos garantizar que la digitalización no se perciba como un coste tecnológico, sino que se convierta en un motor concreto de la sostenibilidad.
El reto, por lo tanto, consiste en crear un ecosistema. El intercambio de datos, los sistemas interoperables, las plataformas digitales seguras y la colaboración con universidades, centros de investigación, empresas y start-ups son elementos esenciales para transformar la infraestructura viaria en un motor de una movilidad más integrada, accesible y sostenible. En este contexto, los modelos de innovación abierta y los «living labs» locales también cobran mayor importancia, ya que permiten probar soluciones en entornos reales y facilitan la transferencia de tecnología.
En este proceso, Anas puede aportar la experiencia de quienes gestionan a diario una red compleja, expuesta a las condiciones meteorológicas, los requisitos de seguridad, los avances tecnológicos y las nuevas expectativas de los usuarios. La carretera es, cada vez más, algo más que una simple infraestructura física: es un nodo inteligente dentro de un sistema más amplio, capaz de interactuar con vehículos, zonas locales, servicios y comunidades. Esta evolución también crea las condiciones necesarias para los servicios de movilidad cooperativa y conectada, así como para futuras aplicaciones de conducción asistida y automatizada.
La sostenibilidad digital nos permite «viajar menos y saber más»: reducir las visitas innecesarias sobre el terreno, mejorar nuestro conocimiento de los activos, anticiparnos a los riesgos, planificar las intervenciones de forma más eficaz y tomar decisiones basadas en datos. Es aquí donde la tecnología digital demuestra su valor más tangible: no en la tecnología en sí misma, sino en su capacidad para generar impactos medibles. El uso integrado de datos satelitales, sensores distribuidos y plataformas analíticas también contribuye al seguimiento de los fenómenos hidrogeológicos y al fortalecimiento de la resiliencia climática.
Por eso, la movilidad sostenible debe considerarse una estrategia para transformar el país. Una estrategia que aúne infraestructuras, datos, conocimientos especializados y rendición de cuentas ante la ciudadanía; una estrategia centrada en la descarbonización, pero también en la seguridad, la resiliencia, la calidad de los servicios y la competitividad de los territorios.
El Grupo de Trabajo representa una oportunidad concreta para hacer realidad esta visión y convertir la sostenibilidad digital de un principio en una palanca operativa para el cambio: una forma de lograr que la movilidad no solo esté más conectada, sino que también sea más responsable, inclusiva y segura, y capaz de generar valor duradero para el país.
















