ImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImageImage

En el mundo digital, la educación ya no es un lugar físico: es un flujo en movimiento. Un conocimiento que se mueve, se adapta, se reinventa. En este artículo, exploramos el ODS 4 a través de la figura de Hermes para narrar una educación que no se limita a transmitir, sino que incluye, acompaña, transforma

En el mundo antiguo, Hermes era el mensajero de los dioses. Volaba entre el Olimpo y la Tierra con sandalias aladas, portando palabras, intuiciones y transiciones. Era el dios de la comunicación, los viajes y el comercio, pero también de los umbrales, los pasajes y las transformaciones. Hoy, en un mundo digital que corre más rápido que la luz, Hermes vuelve a hablarnos. Y lo hace con alas de fibra óptica.

El conocimiento como movimiento

La educación ya no es un lugar físico, sino un flujo. Las plataformas de e-learning, las bibliotecas digitales, los cursos abiertos y las comunidades virtuales encarnan el principio hermético de la transmisión: el conocimiento que viaja, que se adapta, que se multiplica.

En 2025, más de 280 millones de estudiantes de todo el mundo se conectarán cada día a contenidos educativos en línea. El aprendizaje electrónico ya no es un nicho: crece un 14 % cada año, expandiéndose incluso en los contextos más frágiles gracias a iniciativas como la Alianza Mundial por la Educación y el Pasaporte del Aprendizaje de la UNESCO, que llevan el conocimiento allí donde antes no llegaba. En Italia, el 60% de los estudiantes de secundaria utilizarán al menos una plataforma digital para estudiar en 2024 (fuente: informe ISTAT 2025 sobre el ODS4). Pero no basta con contar los accesos: hay que fijarse en el movimiento que se genera. Porque en este escenario, el ODS 4 no es solo una promesa de acceso a la educación: es una revolución en la forma en que el conocimiento se mueve, se transmite, se transforma.

La educación es cada vez más fluida, nómada e interactiva. Ya no está confinada entre las paredes de un aula, sino que es capaz de cruzar fronteras, dispositivos, idiomas. Y Hermes, con sus alas de fibra óptica, nos recuerda que el conocimiento no es una mercancía que hay que custodiar, sino un mensaje que hay que recorrer eliminando todas las barreras geográficas, económicas o cognitivas.

Accesibilidad como ética

Las cifras hablan por sí solas. Según los datos de INVALSI 2023/2024, casi un tercio de los alumnos italianos de segundo curso (32,8%) no ha alcanzado el nivel básico de competencia en italiano. En quinto curso, el porcentaje desciende, pero sigue siendo alto: 24,6%. No son sólo estadísticas: son niños y niñas que luchan por comprender, por expresarse, por participar. Es una fragilidad estructural que la educación digital puede ayudar a superar, pero solo si se diseña para la equidad, no para la eficiencia.

En el horizonte del ODS 4, la accesibilidad no es una opción técnica: es una forma de respeto. Significa reconocer que el conocimiento, para ser realmente compartido, debe hablar varios idiomas, no solo gramaticales, sino también culturales, sensoriales y emocionales. Significa construir vías que no se limiten a transmitir contenidos, sino que se doblen, se adapten, se abran. Porque el conocimiento nunca es neutro. O se ofrece de forma que todos puedan acceder a él, o corre el riesgo de convertirse en un instrumento de exclusión.

Hacer accesible la información se convierte en un gesto político, un acto de justicia: elegir palabras que incluyan, formas que acompañen, formatos que respeten las diferentes maneras de aprender.

No basta con que los contenidos estén disponibles: hay que hacerlos utilizables. Porque toda barrera -ya sea lingüística, cognitiva o cultural- no es sólo un obstáculo que hay que eliminar, sino una realidad que hay que comprender. Y cada abertura, por pequeña que sea, puede convertirse en una puerta hacia la autonomía, la participación, la dignidad.

La tecnología por sí sola no basta. Necesitamos una visión que ponga a las personas en el centro, no solo a las plataformas. Se necesita un Hermes que sepa traducir, adaptar, acompañar. Algunos caminos nos muestran que es posible.

Hay decisiones que hablan más alto que las palabras. Khan Academy, por ejemplo, decidió traducir sus contenidos a más de 40 idiomas, abriendo las puertas del aprendizaje a millones de estudiantes de todo el mundo. No se limitó a ofrecer lecciones: tendió puentes. Reconoció que el conocimiento, para ser realmente compartido, debe ser accesible, comprensible, adaptable. Es un gesto de confianza en que todo el mundo tiene derecho a la educación, es una declaración silenciosa pero poderosa de que el conocimiento no pertenece a quien lo posee, sino a quien lo busca.

Coursera for Refugees ha ido un paso más allá. En contextos donde las escuelas han desaparecido, los libros ya no existen y el futuro parece suspendido, la educación se convierte en algo más que un derecho: se convierte en resistencia. Llevar cursos gratuitos a más de 100.000 personas en situación de emergencia no es solo ofrecer contenidos: es reconocer que la voluntad de aprender sobrevive incluso cuando todo lo demás falla.

En un mundo cambiante, educar también significa ser encontrado. Y quienes diseñan contenidos, itinerarios, entornos de aprendizaje tienen una profunda responsabilidad: la de no dejar a nadie atrás. Porque cada conocimiento que no llega es una oportunidad perdida. Y cada conocimiento que se abre es un paso hacia un mundo más justo.

La educación de calidad no es sólo la que enseña. Es la que consigue logros.

Es una educación que no exige uniformidad, sino que busca la equidad. Que no pide a los alumnos que estén preparados, sino que se prepara para acogerlos. Es una educación que se dobla, se adapta, se reinventa para no dejar a nadie atrás. Es una educación que no se contenta con estar disponible: quiere ser accesible, comprensible, transformadora.

Hermes, hoy, no sólo transmite mensajes: transmite posibilidades. Y nos recuerda que cada clic, cada contenido, cada interfaz es una elección ética. Una elección que puede incluir o excluir. De nosotros depende decidir de qué lado estamos.

Educación conectada, no aislada

Hermes era también el dios de las redes: conectaba mundos, culturas, divinidades. Hoy, la educación debe hacer lo mismo. No puede ser vertical, autorreferencial, cerrada. Debe estar conectada: entre disciplinas, entre generaciones, entre territorios. El ODS 4 nos pide que construyamos puentes, no torres. Y Hermes nos ofrece la metáfora perfecta: el conocimiento que viaja, que se intercambia, que se renueva.

Para 2025, el 70% de las universidades europeas han optado por integrar la enseñanza presencial con la enseñanza en línea, activando programas de aprendizaje mixto que mezclan aula y red, relación y autonomía. En África, iniciativas como eLearning Africa están creando redes regionales de formación digital, con más de 50.000 profesores formados en tecnología educativa. No son sólo cifras: son signos de un cambio profundo en nuestra forma de pensar, diseñar y experimentar la educación.

La conexión no es sólo una cuestión de ancho de banda. Es una cuestión de significado. Una educación conectada no se mide en gigabytes, sino en relaciones. Es la que mantiene unidos el conocimiento científico y el humanístico, la teoría y la práctica, la escuela y la comunidad. Es la que reconoce que aprender no es sólo adquirir información, sino construir significados. Aquí la tecnología no es el fin, sino el medio. No sirve para sustituir, sino para ampliar.

La tecnología nos ayuda a hacer más accesibles los recursos, más flexibles los itinerarios y más enriquecedoras las relaciones educativas. Pero para ello necesitamos una visión que sitúe a las personas en el centro, no a las plataformas, y que utilice la tecnología no para sustituir, sino para ampliar.

Hermes, dios de las conexiones, nos recuerda que todo conocimiento es un viaje. Y que todo viaje necesita mapas, pero también compañeros. La educación conectada es la que no deja a nadie solo frente a una pantalla, sino que tiende puentes entre soledades. Es la que no se contenta con transmitir, sino que quiere transformar.

Comunicación ética: el bastón de Hermes

El caduceo, símbolo de Hermes, no es sólo un bastón: es una declaración de intenciones. Dos serpientes entrelazadas, en perfecto equilibrio, enroscándose en torno a un eje de diálogo. Es la imagen misma de la comunicación ética: no una voz que domina, sino una presencia que escucha. No una línea que separa, sino un puente que une.

Vivimos en una época en la que la información corre más deprisa que nuestra capacidad para comprenderla. Titulares, notificaciones, flujos continuos nos atraviesan cada día, dejándonos a menudo desorientados. Por eso, educar no puede limitarse a transmitir contenidos: debe enseñar a navegar. A distinguir, a interpretar, a elegir con conciencia.

Olvidamos que comunicar es un acto de cariño. Significa elegir palabras que no hieran, sino que abran. Formatos que no excluyan, sino que acompañen. Ritmos que no abrumen, sino que respeten el tiempo para escuchar, comprender, relacionarse. Educar significa también enseñar a comunicar. No sólo a hablar, sino a construir significados. Reconocer el poder de las palabras, la responsabilidad de los gestos, la profundidad de los silencios. Significa acompañar a las personas para que se conviertan en ciudadanos capaces de dialogar, de disentir sin destruir, de buscar la verdad sin renunciar a la complejidad. Significa educar para la convivencia, para la responsabilidad, para la lectura crítica.

En 2024,la UNESCO lanzó el programa Alfabetización mediática e informacional para todos, con un objetivo que es también una visión: formar a 1.000 millones de ciudadanos para 2030 para que sean capaces de reconocer la desinformación, el sesgo digital, la manipulación narrativa y educarlos en la capacidad de descifrar lo que nos cuentan, de distinguir entre lo que informa y lo que confunde, entre lo que implica y lo que manipula.

Este reto también afecta a Italia. Según los datos más recientes, sólo el 38% de los estudiantes de secundaria se sienten capaces de reconocer una fuente fiable en línea. No se trata de una limitación individual: es una señal colectiva. Porque en un mundo en el que la información nos llega antes incluso de que podamos comprenderla, educar significa también enseñar a orientarse. Dudar con inteligencia, buscar con paciencia, construir sentido con conciencia. Es un reto que no se gana con más contenido, sino con más conciencia. Es el que enseña a dialogar, a discrepar, a construir juntos.

Hermes y la educación como sistema

Pensar en la educación en términos del ODS 4 significa también reconocer su dimensión sistémica. No basta con digitalizar los contenidos: hay que replantearse las infraestructuras, las competencias y los parámetros de evaluación. Hermes nos invita a superar la fragmentación, a construir un ecosistema educativo coherente, integrador y sostenible.

El Informe ASviS 2024 muestra que, en Italia, el 40% de los profesores menores de 35 años considera insuficientes los recursos de formación digital. Sin embargo, experiencias como Scuola Digitale Liguria y Futura del MIUR demuestran que invertir en competencias y redes puede generar un impacto escalable. Esto implica invertir en formación del profesorado, en tecnologías accesibles, en políticas públicas que favorezcan la equidad. También implica una nueva cultura del conocimiento: menos centrada en la acumulación y más orientada a compartir.

Conclusión: Hermes somos nosotros

Cada vez que diseñamos contenidos accesibles, cada vez que abrimos un curso en línea, cada vez que traducimos conocimientos complejos en palabras sencillas, llevamos puestas unas sandalias Hermes.

El ODS 4 no es sólo un objetivo: es una postura, una visión, una responsabilidad. Y Hermes, con su sonrisa irónica y su paso ligero, nos acompaña en este viaje.

En un mundo cambiante, educar significa moverse. Significa escuchar, traducir, conectar. Significa ser mensajeros de un conocimiento que no divide, sino que une. Y si Hermes tiene hoy alas de fibra óptica, es porque el conocimiento necesita velocidad, pero también cuidado, ética, belleza.

Beppe Carrella
ESCRITO POR Beppe Carrella

Luca Sesini
ESCRITO POR Luca Sesini

©2025 Fondazione per la sostenibilità digitale

Tech Economy 2030 è una testata giornalistica registrata. Registrazione al tribunale di Roma nr. 147 del 20 Luglio 2021

Powered by DTILab  - Designed by Fattoria Creativa - Developed by EHT