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De dioses de la sabiduría a heroínas del código, vemos cómo el ODS 5 -Igualdad de género- nos invita a reescribir los cimientos invisibles de la tecnología.

En el centro de la Agenda 2030, el ODS 5 -Igualdad de género- no es solo un punto entre muchos otros. Es un llamamiento urgente a repensar la forma en que construimos el mundo, incluido el mundo digital. Porque cada plataforma, cada algoritmo, cada sistema automatizado no es neutral: es un reflejo de las decisiones humanas. Decisiones que dicen quién tiene voz, quién tiene poder, a quién se escucha. Y quién, en cambio, permanece al margen.

Según el Informe Mundialsobre la Brecha de Género 2023 del Foro Económico Mundial, las mujeres representan menos del 29 % de la mano de obra tecnológica mundial. Y en los puestos de toma de decisiones relacionados con la inteligencia artificial, no llegan al 20%. Detrás de estas cifras no hay solo estadísticas.

Hay voces que no participan. No escriben el código. No definen los algoritmos. No diseñan los sistemas que darán forma al mundo del mañana. Sin embargo, esos mismos sistemas deciden. Deciden a quién se reconoce, a quién se sirve, a quién se excluye.

La inteligencia artificial está entrando en todas partes: en el trabajo, en la sanidad, en la educación, en la justicia. Hablar de igualdad de género hoy también significa esto: mirar dentro del código, interrogar los datos, cuestionar las arquitecturas digitales. Significa preguntarse quién tiene el poder de definir los criterios de inteligencia, a quién se incluye en los conjuntos de datos, a quién se deja fuera de las decisiones que cuentan.

Lo digital no es neutral. Nunca lo ha sido. Refleja desigualdades que ya existen y, si no las cuestionamos, las amplifica con precisión matemática.

Los modelos de aprendizaje automático, por ejemplo, aprenden de los datos históricos: si esos datos hablan de un mundo en el que las mujeres cotizan menos, son menos contratadas, están peor pagadas, el algoritmo seguirá reproduciendo ese mundo. Sin malicia, pero con consecuencias reales.

Detrás de cada algoritmo hay una visión del mundo. Y si esa visión excluye, simplifica, distorsiona, entonces no es realmente inteligente. Sólo es parcial. Humanizar la IA significa devolverle complejidad, diversidad, justicia. Significa construir sistemas que no sólo funcionen, sino que también respeten. Porque la justicia no es un complemento. Es una elección. Una responsabilidad. Una visión.

No es sólo un error. Es un sesgo.

Un estudio del MIT Media Lab revela que algunos sistemas de reconocimiento facial no reconocen los rostros femeninos de piel oscura el 34% de las veces. En el caso de los rostros masculinos de piel clara, el error cae por debajo del 1%.

No es un detalle técnico. Es un síntoma. Del diseñador. De los que están incluidos en los datos. De quienes quedan fuera del campo de visión de los algoritmos. Por eso, hoy, hablar de igualdad de género significa también hablar de código, de conjuntos de datos, de arquitecturas digitales. Significa preguntarse: ¿quién escribe los algoritmos que deciden quién es contratado, quién recibe un préstamo, quién es supervisado? ¿Y quién queda excluido de esa escritura?

Si queremos construir un futuro más justo, tenemos que empezar por aquí. Desde los cimientos invisibles de lo digital. Porque es ahí donde se juega el verdadero juego de la inclusión. Y cada línea de código puede ser una puerta abierta o un muro levantado.

Dos arquetipos nos ayudan a leer esta batalla: Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia, y Batgirl, heroína de la justicia digital y urbana. Dos figuras diferentes, pero unidas por una visión: la de una tecnología que no sirve al poder, sino que lo cuestiona. Que no excluye, sino que protege. Que no domina, sino que emancipa.

Atenea: la sabiduría que teje el futuro

Atenea no es sólo la diosa de la guerra justa. También es la inventora del tejido, la navegación y la estrategia. Es la mente que construye puentes, no muros. En la antigua Grecia, Atenea representaba la capacidad de pensar antes de actuar, de proteger sin destruir. Es la patrona de las ciudades, de la civilización, de la tecnología.

En el mundo digital, Athena nos recuerda que la tecnología es siempre una elección moral. Que cada algoritmo es una decisión política. Que todo sistema informático puede diseñarse para incluir o excluir. Y que la sabiduría no es sólo conocimiento: es responsabilidad.

Pero, ¿dónde están hoy las Ateneas digitales? Las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los equipos de desarrollo, los consejos tecnológicos y los conjuntos de datos que impulsan la inteligencia artificial. Y cuando están presentes, a menudo tienen que luchar contra prejuicios estructurales, estereotipos invisibles y métricas que no las incluyen.

De Batgirl a Oráculo: resiliencia que planea el futuro

Barbara Gordon, alias Batgirl, es una de las figuras más interesantes del Universo DC. No tiene superpoderes, pero tiene algo más poderoso: inteligencia, competencia, determinación. Es una justiciera urbana, una estratega, una mujer que lucha por la justicia.

Pero el momento más significativo de su historia no es cuando lleva la capa. Es cuando la pierde.

Tras ser gravemente herida por el Joker, Barbara no renuncia a su misión. Al contrario, se transforma. Abandona la identidad física de Batgirl y renace como Oráculo: una hacker, una mente digital, el cerebro invisible de la Liga de la Justicia. Oráculo no lucha con los puños, sino con datos. Coordina, protege, descifra. Es la directora de la justicia, la guardiana de la información, la garante del equilibrio.

Esta transformación es crucial. Oráculo encarna la resiliencia femenina en lo digital: la capacidad de reinventarse, de utilizar la tecnología para protegerse, de transformar el trauma en poder operativo. Es el arquetipo de la mujer que no se rinde. Que utiliza la tecnología para proteger, para informar, para coordinar. Es el antiestereotipo: no es sexy para agradar, es poderosa para actuar. Y, sobre todo, es consciente. Sabe que el sistema es defectuoso, pero no lo sufre: lo modifica.

En un mundo en el que los algoritmos deciden a quién se contrata, a quién se concede un préstamo, a quién se vigila, Oracle nos enseña que la justicia digital no es automática. Hay que diseñarla, vigilarla, defenderla. Y que las mujeres deben ser protagonistas de este diseño.

El problema: prejuicios, exclusión, invisibilidad

Los datos hablan por sí solos. Las mujeres ocupan menos del 25% de los puestos STEM en Europa. La IA generativa reproduce los estereotipos de género. Los modelos de aprendizaje automático aprenden de datos históricos y, por tanto, perpetúan las desigualdades históricas. Si en los datos de entrenamiento se asocia a las mujeres con funciones asistenciales, el algoritmo seguirá sugiriéndoles profesiones no técnicas. Si en los datos se menciona menos a las mujeres, serán menos visibles en los resultados.

Esto no es un error. Es una elección. O mejor dicho, es una no-elección: la de no interrogar el código, la de no incluir perspectivas diferentes, la de no cuestionar el paradigma dominante.

La solución: reescribir el código, juntos

El ODS 5 nos pide algo más que «incluir a las mujeres». Nos pide que transformemos el sistema. Que creemos entornos digitales en los que la diversidad sea un valor, no un obstáculo. Que diseñemos algoritmos que no solo sean justos, sino capaces de reconocer y corregir las injusticias.

¿Cómo? He aquí algunas palancas operativas:

Auditoría de género de conjuntos de datos: análisis de datos para detectar desequilibrios y corregirlos.

Equipos de desarrollo inclusivos: no sólo mujeres, sino también pluralidad de experiencias y procedencias.

Educación digital de las mujeres: invertir en formación, tutoría y modelos de conducta.

Ética aplicada en IA: integración de criterios de justicia, transparencia y responsabilidad en los modelos.

Conclusión: Athena y Batgirl no son sólo símbolos

Se trata de estrategias narrativas para cambiar nuestra forma de pensar sobre lo digital. Porque todo sistema tecnológico es también un sistema simbólico. Y si queremos que lo digital sea un espacio de justicia, debemos poblarlo de figuras que encarnen esa justicia.

El ODS 5 no es sólo una batalla por las mujeres. Es una batalla por la calidad de la tecnología. Porque una tecnología que excluye a la mitad de la humanidad no solo es injusta: es ineficaz, miope y peligrosa.

Atenea nos enseña a pensar. Oráculo nos enseña a actuar. De nosotros depende, hoy, combinar pensamiento y acción para construir un digital que sea verdaderamente humano. «¿Quién es el Oráculo de tu equipo? ¿Quién es la Atenea de tu algoritmo?».

Beppe Carrella
ESCRITO POR Beppe Carrella

Luca Sesini
ESCRITO POR Luca Sesini

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