Alianzas estratégicas, ética y tecnología al servicio del planeta
En la gran narrativa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el ODS 17 (Alianza para los Objetivos ) es el hilo conductor de todos los demás. Es el objetivo que no se alcanza a sí mismo, sino que posibilita todos los demás. Es el objetivo de las alianzas, de las manos tendidas, de las visiones compartidas. Y cuando hablamos de sostenibilidad digital, resulta aún más crucial: ninguna organización, ninguna tecnología, ninguna política puede abordar por sí sola la complejidad de una transición digital justa, inclusiva y responsable.
Para describir este reto, nos basamos en una poderosa imagen: la tripulación del Enterprise en Star Trek. Un grupo heterogéneo e interdependiente, unido por una misión común: explorar nuevos mundos, pero siempre de acuerdo con unos valores compartidos. Igual que deberían hacer las empresas, las administraciones públicas, las fundaciones y los ciudadanos para construir un futuro digital sostenible.
El rumbo compartido de la sostenibilidad digital
La sostenibilidad digital no es sólo una cuestión de códigos y servidores. Es una visión sistémica que entrelaza innovación, ética, inclusión e impacto medioambiental. Significa diseñar tecnologías que no excluyan, que no consuman recursos de forma insostenible, que no amplifiquen las desigualdades. Y para ello hacen falta alianzas: entre los que desarrollan, los que regulan, los que usan, los que observan.
Como en el Enterprise, se necesita una cabina en la que cada papel es esencial. El capitán (visión estratégica), el primer oficial (análisis y lógica), el oficial de comunicaciones (empatía y lenguaje), el médico de a bordo (cuidado y bienestar). Traducido al mundo real: CEOs, CIOs, expertos en ESG, diseñadores, responsables políticos, activistas. Nadie puede navegar solo.
ODS 17: Alianzas para el futuro, ¿dónde estamos hoy?
El ODS 17 nos invita a tender puentes entre sectores, territorios y competencias. En el ámbito de la sostenibilidad digital, esto significa diseñar conjuntamente herramientas de medición compartidas, promover la alfabetización digital inclusiva y desarrollar plataformas interoperables y transparentes. También significa reconocer que la confianza -entre socios, entre usuarios, entre partes interesadas- es el combustible de la transformación.
Las asociaciones eficaces no son meros contratos: son alianzas de valores. Y como en el universo de Star Trek, el respeto a la diversidad, la curiosidad mutua y la capacidad de escucha son los que hacen posible la coexistencia y la coevolución.
En 2023, la Unión Europea movilizó unos 126 400 millones de euros en financiación para los países en desarrollo. Una cifra importante, sin duda, pero que no marca un verdadero salto con respecto a la década anterior. Una señal de que las asociaciones -incluidas las financieras- deben reforzarse, hacerse más estratégicas, más valientes
En cuanto a la conectividad, el indicador «Usuarios de Internet» es el único de los 21 del ODS 17 que se ajusta a las metas de 2030. Pero la doble velocidad digital entre las zonas urbanas y rurales, entre el Norte y el Sur, sigue siendo un obstáculo. En 24 países, la ONU ha puesto en marcha proyectos de infraestructura digital inclusiva, con efectos mensurables en la productividad, el acceso a los servicios y la participación económica.
¿Un ejemplo concreto? En Ruanda, la plataforma Irembo -desarrollada en una asociación público-privada- ha digitalizado más de 100 servicios gubernamentales, mejorando el acceso de millones de ciudadanos. En Italia, el proyecto Repubblica Digitale promueve las competencias digitales con la participación de empresas, autoridades locales y el tercer sector. Señales de que se está trazando un rumbo.
Inteligencia artificial generativa, blockchain, IoT, la nube: son herramientas potentes pero neutras. Es el uso que hacemos de ellas lo que determina su impacto. Por eso, la sostenibilidad digital no puede prescindir de una gobernanza compartida, una visión ética y la capacidad de anticipar los efectos sistémicos.
Como nos recuerda la «Primera Directiva» de Star Trek -la regla de oro de no interferir en el desarrollo natural de las civilizaciones-, la cautela, el respeto y la responsabilidad también son necesarios en el ámbito digital. Lo que hace falta es una orientación ética que guíe la acción sin imponer, que fomente la coevolución respetando la diversidad. No basta con innovar: hay que hacerlo con conciencia.
Las asociaciones medibles y los impactos compartidos son la brújula y el sextante para embarcarse en el viaje de la sostenibilidad digital
En el viaje hacia una sostenibilidad digital compartida, la UNI/PdR 147 es lo que permite a la tripulación de Star Trek orientarse. Es el mapa estelar que traduce los valores en coordenadas operativas, los principios éticos en métricas verificables. Cada rol – del capitán al médico de a bordo – encuentra en la práctica UNI un lenguaje común para evaluar el impacto de las tecnologías, decidir rutas sostenibles, evitar derivas medioambientales o sociales. Esta práctica de referencia, desarrollada de forma participativa, ofrece un marco metodológico para evaluar el impacto medioambiental, social y organizativo de las tecnologías digitales. No se trata sólo de indicadores: es una gramática común que permite a empresas, poderes públicos y agentes cívicos hablar el mismo idioma en materia de sostenibilidad.
En un ecosistema digital fragmentado, UNI/PdR 147 actúa como catalizador de asociaciones eficaces. Permite codiseñar objetivos mensurables, hacer transparente la contribución de cada actor y generar confianza mediante la rendición de cuentas. Integrar UNI/PdR 147 en el marco del ODS 17 significa pasar de alianzas declaradas a alianzas mensurables.
Al igual que la Primera Directiva orienta las misiones de la Empresa, la UNI/PdR 147 orienta a las organizaciones en materia de dignidad digital, inclusión, transparencia. No impone, sino que guía. No limita, sino que armoniza. Es el protocolo que permite construir asociaciones eficaces, en las que cada actor sabe qué medir, cómo mejorar y con quién colaborar. Sobre todo, significa crear las condiciones para una gobernanza participativa, donde la sostenibilidad no sea sólo un objetivo, sino un proceso compartido, no sólo una etiqueta, sino una práctica cotidiana.
Conclusión: la misión continúa
La sostenibilidad digital es una misión intergeneracional. Y como cualquier viaje hacia lo desconocido, requiere valor, colaboración y visión. El ODS 17 nos da la brújula: construir alianzas sólidas, inclusivas y orientadas al impacto. Y la tripulación del Enterprise nos ofrece la imagen: un grupo unido y complementario, impulsado por valores comunes.
Ya se trate de informes ESG, alfabetización digital o diseño ético de IA, el reto está abierto. Y quienes sepan cómo crear las alianzas adecuadas hoy estarán preparados para navegar por el futuro.
















