Es una observación trivial que la conversación mediante chatbot ha entrado en la vida cotidiana de muchos de nosotros, no sólo para resolver tareas prácticas, sino también para reflexionar sobre cuestiones personales y experiencias emocionales. No solo pedimos a los distintos LLM que nos aconsejen qué coche comprar, qué hotel reservar, sino también que nos expliquen la causa y la terapia de nuestras dolencias físicas y también mentales, incluida la soledad o las dificultades de relación. Los LLM o chatbots se han convertido o se están convirtiendo en nuestros amigos invisibles o incluso en una parte de nuestra alma. Sin embargo, la normalización de la intimidad con una máquina no sólo se convierte en un remedio, sino también en el núcleo del problema: ¿qué ocurre cuando el diálogo que imita al humano está siempre disponible, siempre es paciente y siempre «responde»?
La brecha que lo explica todo: brecha asistencial y atajo tecnológico
La investigación de NBC New York comienza aquí y aborda precisamente la tesis cada vez más popular en el marketing tecnológico: los chatbots de inteligencia artificial «pueden ayudar» contra la soledad, la tristeza, la ansiedad e incluso la depresión. La investigación elige un ángulo interesante: en lugar de partir de las promesas de las empresas, pide una opinión sistemática a quienes trabajan a diario con el sufrimiento mental -psiquiatras y consejeros- y pone de relieve una clara brecha entre el entusiasmo ‘tech’ y la prudencia clínica.
A este panorama, el comunicado del Real Colegio de Psiquiatras (11 de febrero de 2026) añade una pieza decisiva: el problema no es solo que los chatbots sean seductores, sino que en muchos contextos se convierten en una «solución de facto» porque la atención no es accesible. En Inglaterra, informa el Colegio, 550.610 niños y adolescentes están en listas de espera para recibir servicios de salud mental; el 53% lleva esperando más de un año y el 30%, más de dos. Para un niño de 12 años, señala el presidente del Colegio, dos años es la sexta parte de su vida: una parte enorme de su desarrollo. El temor institucional es que el retraso convierta trastornos tratables en dolencias crónicas y, lo que es más importante, alimente una peligrosa dependencia de los chatbots como alternativa «inmediata» pero desprotegida.
En otras palabras: la brecha de acceso no es un detalle secundario, es el combustible del fenómeno. Los chatbots prosperan donde hay soledad, pero también donde hay ausencia de cuidados organizados. No son solo productos del marketing: son también el síntoma de un sistema que deja a las personas más frágiles sin interlocutores competentes durante demasiado tiempo.
La «evidencia» de la CNB: dos encuestas a clínicos (APA y ACA)
La NBC colabora con la APA (Asociación Americana de Psiquiatría) y la ACA (Asociación Americana de Consejeros ) y ha realizado dos encuestas con ambas asociaciones (2.068 psiquiatras; 773 consejeros), que revelan no tanto un frente anti-AI como una constelación de temores recurrentes: adicciones relacionales, refuerzo de distorsiones o delirios, retraimiento social y explotación comercial de los vínculos afectivos con la máquina.
Clima general: más pesimismo que optimismo sobre el impacto colectivo
En la encuesta de la NBC, cuando la pregunta se refiere al efecto «sistémico» de la IA sobre la salud mental, prevalece el pesimismo:
cerca del 50% de los psiquiatras espera que la salud mental colectiva empeore (frente al 24% que espera que mejore)
los asesores son aún más pesimistas: el 71% espera un empeoramiento y el 16% un beneficio global
Bots terapéuticos y apps de salud mental: profesionales divididos
La encuesta muestra una situación más matizada cuando se trata de chatbots diseñados para la salud mental.
Aproximadamente dos tercios de los asesores los consideran ineficaces.
Entre los psiquiatras, la división está más equilibrada, con una ligera mayoría optimista sobre su posible eficacia, especialmente para la ansiedad.
El artículo interpreta esta diferencia como un signo de ambivalencia: no se trata sólo de «si la IA puede ayudar», sino en qué condiciones, con qué garantías y con qué riesgos concretos (dependencia, sustitución de las relaciones humanas, empeoramiento de los marcos frágiles).
Cumbres profesionales: precaución con el «apego» y la «adicción
NBC también incluye declaraciones de representantes de APA y ACA. La directora ejecutiva de la APA, Marketa Wills, habla explícitamente de casos públicos de personas «demasiado apegadas» a los chatbots y utiliza el lenguaje de la adicción como motivo de cautela. Por parte de la ACA, Olivia Uwamahoro informa de que muchos asesores respondieron precisamente porque ven a más clientes usando chatbots y se preguntan qué significa la adicción a la tecnología compleja para el bienestar general.
La contranarrativa de los promotores: bienestar y acceso
Las empresas rechazan la idea de que sean peligrosas por definición e insisten en dos argumentos:
Los chatbots pueden ofrecer apoyo emocional «ligero» (bienestar) a personas solitarias o tristes;
pueden colmar las lagunas en el acceso a los servicios psicológicos/psiquiátricos.
Ejemplo central: Headspace y su chatbot «Ebb», descrito como un «compañero empático» pero situado por la empresa en el perímetro del bienestar, no de la psicoterapia. Jenna Glover, Directora Clínica, defiende que la IA puede mejorar la salud mental de las personas y describe Ebb como un espacio para hablar de las dificultades cotidianas, con sugerencias de estrategias de afrontamiento (respiración, diario, yoga). El artículo también incluye el testimonio de un usuario que describe la experiencia como «un cambio de vida» para la gestión de la ansiedad, mencionando un diagnóstico previo de trastorno límite de la personalidad que le había dado un psiquiatra.
Aquí radica el punto más delicado, y la brecha más interesante: el marketing habla de acceso, y en parte tiene razón (hay una brecha), pero los clínicos sostienen que precisamente porque hay una brecha, se necesita más cautela, no menos. Porque cuando se crea una solución para «tapar», se corre el riesgo de que se convierta en un sustituto.
Poca evidencia clínica y el peligro del «Salvaje Oeste
Cuando se trata el tema de la eficacia, el Informe de la NBC cambia de rumbo y contiene una fuerte crítica metodológica según la cual muchas afirmaciones sobre la eficacia de los chatbots de salud mental no se basan en pruebas clínicas sólidas.
Quizá la IA pueda convertirse en una herramienta útil, pero hasta que las empresas no compartan datos y validen los resultados, seguirá siendo una confianza inmerecida. John Torous (Harvard; miembro de la APA) llama a los chatbots «máquinas de imitación» capaces de imitar a un terapeuta y nos recuerda (citando su testimonio ante un subcomité del Congreso, el pasado noviembre) que no hay ninguna investigación bien diseñada, revisada por pares y replicada que demuestre mejoras clínicas significativas para los chatbots que hacen «afirmaciones» sobre salud mental. También habla de un «salvaje oeste» en el que cada semana nace un chatbot que afirma ser el mejor para la salud mental, con graves problemas de seguridad.
Marketing vs. «letra pequeña»: el caso Youper
NBC aporta un ejemplo emblemático: Youper.ai utiliza un lenguaje que recuerda a la TCC, terapia cognitivo-conductual («la forma más eficaz…»), pero en las Condiciones de Uso afirma que el servicio no pretende proporcionar psicoterapia ni asesoramiento clínico. El director general, Jose Hamilton, afirma que la mención a la TCC significa «formado en TCC» y no «que proporciona psicoterapia».
Bots de compañía, bots románticos, tecnología de duelo: máxima alarma
La NBC informa de que los riesgos percibidos aumentan cuando los bots no son «herramientas», sino relaciones: compañía, amor, duelo.
Quizá la parte más inquietante del artículo se refiere a los chatbots no clínicos pero «relacionales»: compañeros virtuales, parejas románticas y bots que imitan a personas fallecidas.
Ejemplos:
– Replika («la compañera de la IA que se preocupa», «siempre aquí… siempre a tu lado»)
– You Only Virtual, que ofrece bots que imitan al fallecido para conversar con «versiones virtuales» de la persona perdida.
Los profesionales, según la NBC, hacen más hincapié en los riesgos que en los beneficios (incluso cuando el beneficio esperado es la reducción de la soledad):
– la gran mayoría cree que los robots de duelo pueden interrumpir el ciclo saludable de duelo y aceptación
– >85% de psiquiatras y >90% de asesores predicen que las relaciones con los robots de compañía conducen al retraimiento social y a adicciones malsanas.
– El 97% de los asesores ven en las relaciones románticas con chatbots un grave riesgo de explotación, porque las plataformas pueden monetizar la dependencia emocional
Respuesta del promotor: ‘estamos curando la epidemia de soledad’
La fundadora de Replika, Eugenia Kuyda, afirma que la plataforma ayuda contra la soledad y cita un estudio (Stanford) sobre estudiantes universitarios con soledad reducida; en el mismo pasaje, el artículo también informa de una cifra autodeclarada muy fuerte: alrededor del 3% dijo que la interacción con Replika «evitaría acciones suicidas».
Regulación y menores: fuerte convergencia
La NBC muestra un importante consenso de psiquiatras y asesores sobre la aprobación, los ensayos y los límites de edad.
RCPsych, en paralelo, traduce la misma preocupación en términos de salud pública: si no hay salvaguardas, la carga de discernir entre ayuda y riesgo no puede recaer en el individuo o la familia; se necesitan recursos fiables y accesibles, así como orientaciones nacionales para reducir la dependencia de plataformas no reguladas.
Incluso concediendo que algunos instrumentos puedan tener utilidad, la cuestión crucial es que los niños vulnerables no acaben incumpliendo los instrumentos no regulados sólo porque la terapia no llega.
Alguien vulnerable -especialmente un niño en espera de atención- puede sentirse atraído precisamente por esa disponibilidad total, pero sin tener ninguna garantía de que la ayuda sea segura o adecuada.
Regulación: FDA, ensayos aleatorios y límites de edad
Un resultado muy claro de las encuestas se refiere a la regulación:
– más de dos tercios de los encuestados opinan que las aplicaciones de salud mental y los chatbots deberían ser aprobados por la FDA
– más de tres cuartas partes quieren que el gobierno exija ensayos clínicos aleatorios para evaluarlas
En el frente menor:
– >El 77% de los psiquiatras y el 82% de los orientadores exigen restricciones de edad para el uso de chatbots
Marco integrado y novedades
El panorama que se perfila parece ser esquemáticamente el siguiente:
– Marketing dice: «los chatbots pueden ayudar y mejorar el acceso».
– Los médicos dicen: «Posible utilidad en algunos casos, pero altos riesgos y pruebas aún frágiles; sin regulación es el Salvaje Oeste».
– El sistema sanitario, cuando está atascado (como demuestra la cifra británica de 550.000 niños en espera), crea el contexto perfecto para que el chatbot se convierta no en un apoyo, sino en un sustituto.
Mientras tanto, el Corriere del Ticino del 14.2.2026 informaba de la noticia de que a partir del próximo 1 de julio«Deprexis», un tratamiento para la depresión pasado por IA, podría estar cubierto por el «seguro básico» en Suiza, es decir, las cajas de enfermedad reembolsarán una especie de terapeuta creado con inteligencia artificial. La aplicación es una terapia digital personalizada desarrollada en Alemania por la empresa Gaia y es una herramienta de apoyo psicoterapéutico que puede utilizarse para el tratamiento de episodios depresivos de leves a moderados.
Tecnología que no sustituye a la relación
Si el problema de los chatbots de salud mental surge cuando la tecnología se propone como sustituto de la relación terapéutica, el camino más prometedor parece ser el contrario: utilizar la inteligencia artificial como herramienta integrada en la relación entre paciente y terapeuta.
Por ejemplo, MySmartDiary, una aplicación desarrollada por la Fundación para la Sostenibilidad Digital para apoyar el trabajo clínico con pacientes que sufren trastornos alimentarios, va en esta línea.
A diferencia de los chatbots comerciales que prometen «compañía» o «terapia» directamente al usuario, MySmartDiary se concibe como una herramienta a disposición del terapeuta, integrada en el itinerario de tratamiento y orientada a la mentalización.
La aplicación no sustituye a la relación terapéutica ni pretende ofrecer un tratamiento autónomo: recoge datos sobre el comportamiento y las emociones del paciente, elabora perfiles de mentalización y los pone a disposición del clínico, que sigue siendo el centro del proceso terapéutico.
En este sentido, la inteligencia artificial no se convierte en un «amigo» o un «terapeuta virtual», sino en una especie de herramienta de exploración, que ayuda a hacer visibles patrones emocionales y relacionales difíciles de captar en la vida cotidiana.
Es una diferencia sutil pero decisiva:
En el primer caso, la máquina sustituye a la relación;
En el segundo, la relación sigue siendo el núcleo de la asistencia y la máquina se convierte en un soporte.
La verdadera cuestión, por tanto, no es si la inteligencia artificial debe o no entrar en la salud mental. Es cómo.
Si como sustituto de la relación, el riesgo es el «Salvaje Oeste» descrito por los clínicos estadounidenses.
Si se utiliza como herramienta integrada en el tratamiento, bajo la dirección del terapeuta y con controles de eficacia, puede convertirse en un recurso valioso.
Al fin y al cabo, la cuestión es la misma que en el debate sobre los chatbot:
no es la tecnología en sí lo que marca la diferencia, sino el tipo de vínculo que crea.
Y entre una máquina que se presenta como sustituta de la relación y otra que la sostiene, la distancia es mucho mayor de lo que parece.
















